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viernes, 27 de marzo de 2015

Relato marinero


  Descubriendo América


No comprendía el poder de los reyes católicos, me había criado con las historias de los viajes a las Indias del gran Cristóbal Colón. Yo y mi hermano Conín fantaseábamos con ser como él, un hombre de mar y océano, o eso entendíamos nosotros. Cuando toqué por primera vez el agua del océano tenía 6 años, yo vivía en Madrid como un niño más, pero de todos los niños yo era el único que quería estar en una de esas carabelas de Colón. El tocar por primera vez el agua del mar era como sentir mi deseo hecho, aunque insatisfecho. El deseo de embarcarme era mayor conforme crecía. Cuando me enteré de que Colón hacía su cuarto viaje tenía 11 años y no quería perderme el gran acontecimiento. Los marineros se acercaban a los niños que estaban cerca y entonces lo vi a él, era tal y como lo describía mi madre cuando me contaba sus historias, me acerqué para saludarlo o al menos poder tocarle. Llegué asta él y lo toqué, se dio la vuelta y me sonrió como si supiera que era lo que yo necesitaba pero no me dijo nada, solo se montó en la carabela y se despidió de Corona de Castilla una vez más. No comprendí como sucedió todo pero me gusto, sin duda me gusto. Desde aquel momento supe que lo que significaba ese gesto era que yo también me sentiría orgulloso de mí mismo como él lo estaba. Me puse en marcha, le dije a mi madre que quería aprender a leer y a escribir para ser como el gran Cristóbal Colón. Yo y mi hermano empezamos a estudiar y cuando llegué a los 17 años ya leía y escribía perfectamente, a mi lado, mi hermano con 15 años también lo consiguió y juntos nos preparamos para ser marineros. Llegada la edad mínima, fuimos los primeros en hacernos marineros. Salimos a mar abierto por primera vez con 25 y 23 años, con un comerciante rico que tenía una carabela.
Era precioso, ver el mar tan cerca y poder sentirse un hombre de mar. Dados mis conocimientos, me gané un puesto especial en el reino, solía estudiar los mapas de Colón para ver que cosas no consiguió descifrar. Un día que estudiaba sus mapas me di cuenta que aquello era algo más que las Indias, que había algo más. Sabiendo esto conseguí un par de carabelas y me embarque rumbo al sitio de las historias de mi héroe Colón. En mi tripulación estaba como comisario de abordo mi hermano Conín, que había estado a mi lado desde pequeño y escuchaba las mismas historias de Colón. Después de 3 meses de navegación llegué al sitio al que llegó en su día Cristóbal Colón, pero entonces buscaban otra cosa muy diferente a lo que busco yo. Tras varios meses en aquel territorio pude deducir lo que era, era un continente entero, y lo había demostrado yo. En aquel momento me acorde de cuando me acerqué a Colón y me sonrió. Volví con mi tripulación a Corona de Castilla y así, yo Américo Vespucio di nombre a lo que pasó a ser América.

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