Descubriendo América
No
comprendía el poder de los reyes católicos, me había criado con
las historias de los viajes a las Indias del gran Cristóbal Colón.
Yo y mi hermano Conín fantaseábamos con ser como él, un hombre de
mar y océano, o eso entendíamos nosotros. Cuando toqué por primera
vez el agua del océano tenía 6 años, yo vivía en Madrid como un
niño más, pero de todos los niños yo era el único que quería
estar en una de esas carabelas de Colón. El tocar por primera vez el
agua del mar era como sentir mi deseo hecho, aunque insatisfecho. El
deseo de embarcarme era mayor conforme crecía. Cuando me enteré de
que Colón hacía su cuarto viaje tenía 11 años y no quería
perderme el gran acontecimiento. Los marineros se acercaban a los
niños que estaban cerca y entonces lo vi a él, era tal y como lo
describía mi madre cuando me contaba sus historias, me acerqué para
saludarlo o al menos poder tocarle. Llegué asta él y lo toqué, se
dio la vuelta y me sonrió como si supiera que era lo que yo
necesitaba pero no me dijo nada, solo se montó en la carabela y se
despidió de Corona de Castilla una vez más. No comprendí como
sucedió todo pero me gusto, sin duda me gusto. Desde aquel momento
supe que lo que significaba ese gesto era que yo también me sentiría
orgulloso de mí mismo como él lo estaba. Me puse en marcha, le dije
a mi madre que quería aprender a leer y a escribir para ser como el
gran Cristóbal Colón. Yo y mi hermano empezamos a estudiar y cuando
llegué a los 17 años ya leía y escribía perfectamente, a mi lado,
mi hermano con 15 años también lo consiguió y juntos nos
preparamos para ser marineros. Llegada la edad mínima, fuimos los
primeros en hacernos marineros. Salimos a mar abierto por primera vez
con 25 y 23 años, con un comerciante rico que tenía una carabela.
Era
precioso, ver el mar tan cerca y poder sentirse un hombre de mar.
Dados mis conocimientos, me gané un puesto especial en el reino,
solía estudiar los mapas de Colón para ver que cosas no consiguió
descifrar. Un día que estudiaba sus mapas me di cuenta que aquello
era algo más que las Indias, que había algo más. Sabiendo esto
conseguí un par de carabelas y me embarque rumbo al sitio de las
historias de mi héroe Colón. En mi tripulación estaba como
comisario de abordo mi hermano Conín, que había estado a mi lado
desde pequeño y escuchaba las mismas historias de Colón. Después
de 3 meses de navegación llegué al sitio al que llegó en su día
Cristóbal Colón, pero entonces buscaban otra cosa muy diferente a
lo que busco yo. Tras varios meses en aquel territorio pude deducir
lo que era, era un continente entero, y lo había demostrado yo. En
aquel momento me acorde de cuando me acerqué a Colón y me sonrió.
Volví con mi tripulación a Corona de Castilla y así, yo Américo
Vespucio di nombre a lo que pasó a ser América.
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